La Placita

La Plazita, Paisajes de Hervas, Paisajes de Alejandro Cabeza, Pintor Retratista, Alejandro Cabeza, Libros de Alejandro Cabeza, valle del Ambroz, Pintor Alejandro Cabeza, Enrique Pérez comendador, Salome Guadalupe Desde fuente de La Plaza / Óleo sobre tela 30 x 24 cm / Alejandro Cabeza 2018


Caminando por las calles de Hervás, en dirección al Barrio Judío, justo en el límite del mismo, nos topamos con un rincón emblemático del pueblo: La Plaza ‒o "La Placita", como tradicionalmente la llamaban los habitantes del pueblo, pues la plaza por antonomasia es La Corredera‒. Casi llegando a su fuente, en un boceto a plena luz del sol, bastante pequeño pero en el que obtengo unos resultados cromáticos exuberantes, tomo una vista de la antigua iglesia ‒precedentemente castillo‒ y parte de la Calle del Convento.

Son muchos los rincones pintorescos de Hervás. Callejuelas solitarias y angostas, salientes balcones sustentados aún por antiguas vigas de madera de castaño, paredes recubiertas de tejas, empinadas cuestas empedradas... Basta estar atento para percibir ese sabor a historia que nos ofrece este pueblo tan singular. 

El morrón de Sot de Chera

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"El morrón de Sot de Chera" Alejandro Cabeza

Siguiendo un recorrido por algunos puntos de la Comunidad Valenciana, nos encontramos con este entrañable pueblo llamado "Sot de Chera", a apenas 70 Km de Valencia. Un lugar pintoresco donde resulta fácil encontrar interesantes composiciones y agradables rincones, validos para la práctica del paisaje.

En lo alto del conjunto rocoso del mismo nombre, como simbolo y emblema del pueblo, se encuentra este mirador, desde el que se puede disfrutar de unas vistas panorámicas impresionantes que dominan todo el valle de Sot.  Se encuentra a 548 metros de altitud y el sendero de pequeño recorrido denominado "El Justal -Sot de Chera" nos conduce hasta él.

La Iglesia se sitúa en una parte del casco antiguo de la población. Con su fachada principal a la calle San Sebastián y una puerta lateral a la Plaza Juan de Juanes. El campanario exterior, de planta cuadrada y un cuerpo con remate de doble edículo, alberga cuatro camapanas. La cubierta general es a dos aguas con teja cerámica. Se trata de una iglesia del siglo XVII, de concepción neoclásica, compuesta por una sola nave central cubierta con bóveda de medio cañon con lunetas. Tiene capillas laterales entre los contrafuertes y coro sobre la puerta de entrada. En las capillas se disponen retablos neoclásicos con imágenes de San Antonio Abad, San Roque, La Inmaculada y Nuestra Señora de los Dolores. En la cabecera, un retablo neoclásico blanco escayola presidido por imágenes de la Asunción de Nuestra Señora y San Sebastián. A los lados del altar mayor se sitúan una Capilla y la Sacristía. El interior está decorado con pilastras, capiteles y molduras de tipo Jónico. No presenta actualmente decoración destacable, pues todos los elementos están pintados de blanco.

El cuadro plasma una visión típica de Chera tomada desde la plaza principal, dejando el castillo a nuestras espaldas. Con la iglesia y el morrón destacando en el fondo, pretendo ofrecer un encuadre atractivo de este pueblo tan pintoresco.



Alquería Valenciana

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"Alquería Valenciana" Óleo sobre tela 46 x 33 cm 


Uno de los temas más costumbristas de la escuela Valenciana en el ámbito del paisaje se podría decir que es este. Sin determinar el hecho de pintar Barracas, Alquerías, temas de la albufera, sus arrozales o el entorno de la misma ciudad. El costumbrismo, la pintura de género y todo lo que rodea al folklore de valenciano siempre ha suscitado una atracción especial por el regionalismo. En mi caso no de una manera directa del asunto en si, si no más bien por lo que me ofrece en cuanto al color y su juego de luces, resultándome interesante,  y casi siempre rico en matices. 

Realmente las comunidades donde sus fiestas se revelan de una manera primordial,  social y tradicional, siempre han mantenido una gran atracción en la pintura local. Por esto se han cultivado tanto y durante mucho tiempo convirtiéndose en todo un género.

Hoy visto desde la actualidad nos puede parecer fuera de lugar, o sin sentido, haciendo ver el arte de una manera desfasada. Pero, ¿que no esta desfasado si se piensa de esta manera? lo que vale para hoy no Vale para mañana? Yo creo que lo que vale para hoy vale más que lo de mañana.

 No tiene importancia. Como temática es una más de tantas, no hay que tener prejuicio sobre el tema, si acaso no abusar o encasillarse en lo desagradable de la repetición, y tener una visión global en la pintura sin complejos. Al fin y al cabo la nostalgia y todo lo que suscita el pasado es un sentimiento de gran poderío sobre las personas y las épocas. Tenerlo y mantenerlo es noble,  honrado. El hecho de eliminarlo es un gran error.

El cuadro es un rincón de tantos que había. Perteneciente a una Alquería Valenciana de la zona oeste de Valencia. Aun existe en la actualidad. Por supuesto no de la misma manera ni con el mismo entorno. En la actualidad tiene un bloque de 19 pisos que la eclipsa por completo quitándole toda la vida y luz  que tenía. Es un caso extraño de supervivencia y tolerancia. Lo mas seguro es  se venda y desaparezca o se despropie.
 



Tierras Rojas

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Tierras Rojas / Óleo sobre tela  81 x 60 cm / Alejandro Cabeza


CAMINOS
No cicatrizan las heridas.
Abiertas están.
Abiertas.
Escarba la uña inflexible
en la carne roja.
Ansían los dientes metálicos
su sabor férreo.
Tortura la tierra, insaciable,
el hombre,
único animal
huérfano de concordia.
                                         (S. G. I. Madrid, 15 de marzo de 2011)

Azules de Granadilla

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Azules de Granadilla / Óleo sobre tela 81 x 60 cm / Colección Particular


 (Ediciones COMOARTES, Colección Contemporáneos del Mundo 29, Serie Indagación sobre la memoria y el juicio, Madrid/México D. F., 2013.)


–Si tuviera que indicar siete puntos indispensables a los que debe responder como arte una pintura, ¿cuáles señalaría? ¿Señalaría unos para el retrato y otros para el paisaje?

Si no le importa, más que puntos los denominaré valores. En efecto creo que todos ellos son aplicables a cualquier género, aunque algunos resultan más determinantes para unos géneros que para otros.

El oficio: Es lo primero que percibimos de un autor a través de su obra. Si bien no lo es todo, sin oficio no hay cimientos. Esta afirmación resulta válida para un retratista, para un paisajista o para cualquier otro género de pintor.

La dedicación: Frecuentemente la toalla se tira con demasiada facilidad. Me permitiré un ejemplo literario: la producción literaria de Josep Pla abarca, de forma ininterrumpida, seis décadas; más de 30.000 páginas. Dedicación, oficio y pasión han de ir de la mano. La cantidad no hace la calidad, pero la escasez tampoco hace el oficio. En la pintura la dedicación ha de estar por encima de muchas cosas, no ha de someterse a caprichos o imposiciones exteriores. La dedicación es un precio caro que muy pocos están dispuestos a pagar. Se advierte sobre todo en la trayectoria de un autor. Los grandes maestros son el ejemplo perfecto: dedicaron su vida, de principio a fin, a su disciplina para poder alcanzar los niveles más altos en el arte de la pintura.

La humildad: Se habla mucho de ella, pero sospecho que la envuelve una cierta confusión. El artista ha de saber ser también ambicioso; ha de estar hambriento de conocimiento y sabiduría. Entonces, esa humildad resulta relativa. La humildad ha de ser la justa. Un exceso de humildad es tan perjudicial como su carencia. Nos convertiría en seres sin entusiasmo, faltos de brillantez e instalados en la penuria. Demasiada humildad podría incluso acercarnos a la miseria. A veces tengo la sensación de que los que se pronuncian a favor de una humildad incondicional y absoluta son, en realidad, autocomplacientes conformistas y pecan, quizá, de falsa modestia. Probablemente el artista debería hacer más uso de su humildad a la hora de ostentar su creatividad y originalidad. El pintor debería ser lo suficientemente humilde como para aprender a encontrar y apreciar esa originalidad en las pequeñas cosas que la realidad le ofrece. Porque es precisamente ahí donde puede radicar la creación buscada. Para entender lo que quiero decir basta observar las actitudes ante la pintura. Hoy nos empeñamos, ante todo, en sorprender y llamar la atención a toda costa. Incluso si esto implica encerrarse obstinadamente en estilos individualistas sustentados por razonamientos muy subjetivos. O si nos exige dejarnos arrastrar sin rumbo fijo según las circunstancias. A veces la pintura se convierte en un juguete para una feria, al servicio de una visión mercantilista del arte o más bien de la decoración[1]. Entrar en esta dinámica puede hacernos perder mucho tiempo y talento.

Tener recursos: Es un valor que únicamente nos da la experiencia y el oficio. Pero el oficio tampoco lo es todo, como ya he indicado antes. Y por lo tanto no debemos conformarnos sólo con los recursos. Tener muchos, tantos como permita la propia experiencia, puede hacer que las pinturas sean especiales y ricas en su elaboración. Los recursos suponen un buen aliado de la originalidad y pueden reflejar muy bien la personalidad. Pero no por ello debemos olvidar todo lo demás, todo lo que de una manera directa va unido al proceso creativo del autor.

[1] Cuando la pintura mo­derna vaya a esos panteones funerarios que se llaman los museos, si es que va, se desvanecerá ante la antigua. La pintura moderna parece más bien para tienda de boulevard o para cabaret. (Pío Baroja, Desde la última vuelta del camino: Memorias, vol. 4, Caro Raggio Editor, Madrid, 1983, p. 255)

Árboles de Granadilla

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Árboles de Granadilla  / Óleo sobre tela 55 x 46 cm / Alejandro Cabeza

Siguiendo con los paraísos de extremadura vuelvo a otra versión de Granadilla, composiciones sugeridas para una gran obra de grandes dimensiones. Porque antes de lanzarse hay que prepararse, para ello algunas sugerencias de mi entrevista que siempre tengo muy presente.

La espontaneidad: Constituye un valor muy apreciado, especialmente entre los paisajistas. Muchas obras de arte se echan a perder por culpa de la insistencia. La frescura concede brillantez y naturalidad a los elementos, así como energía y vitalidad a la obra. La espontaneidad exige a su vez valentía. Y ésta ha de ser combinada con el juicio. La espontaneidad es un valor muy personal, y acaba convirtiéndose en una característica identificativa de los autores. En ella, inevitablemente, dejan su huella ciertos rasgos de la personalidad del pintor. Igual que cada ser humano habla, sonríe o anda de una forma, cada autor pinta de un modo peculiar. La espontaneidad a menudo permite captar la esencia en pocos trazos; depurando la realidad sin restarle belleza al resultado. En ocasiones la técnica no se revela muy buena amiga de la espontaneidad. La verdadera dificultad radica en saber combinar ambas con maestría.

La pulcritud: No hay nada tan desagradable como un cuadro en el que se ha perdido la identidad del color. Ello es tan grave que puede provocar, incluso, que se eche a perder toda la obra. Y es consecuencia de la ausencia de conocimientos respecto al color. Sin disciplina en el uso de los colores, atormentándolos arbitrariamente, se acaba provocando sensaciones chirriantes, inarmónicas, sin química cromática... El mal uso del negro, por ejemplo, desequilibra la gama cromática: “ensucia” los colores, anulando su natural identidad.


Fragmento extraido de (Ediciones COMOARTES, Colección Contemporáneos del Mundo 29, Serie Indagación sobre la memoria y el juicio, Madrid/México D. F., 2013.) “LA PINTURA ES MEMORIA HUMANA Y FRUTO”

Alejandro Cabeza

Plasencia

Plasencia
Plasencia (Puente de San Lázaro sobre el río Jerte) Alejandro Cabeza

Plasencia, conocida como la Perla del Valle, se encuentra situada en la provincia de Cáceres junto al río Jerte y es un lugar perfecto como punto de partida para visitar las bellezas naturales del norte de Extremadura además de para visitar sus monumentos y numerosas iglesias, legado que ha dejado su rica historia.

Sin duda uno de los símbolos de la ciudad, los puentes que cruzan el Río Jerte. Algunos de estos puentes son de reciente construcción pero hay 2 de ellos muy antiguos y que merecen ser visitados. El Puente de San Lázaro es el más antiguo, del año 1498 y es además el más estrecho. Construido en epoca de los Reyes Católicos o sea en el Siglo XVI, tiene en su parte central, justo en el cambio de rasante que hacen de este puente, peligroso, un retablo con la Virgen de la Cabeza, de Rodrigo Alemán. Hace años fue destruido debido al choque de un camión, pero actualmente se encuentra restaurada. Bajo ella se encuentra un escudo de los Reyes Católicos, como en tantos lugares de la Ciudad.

También hay que destacar el Puente Nuevo del siglo XVI, llamado así por ser el puente más moderno entre los antiguos, con cambio de rasante y con una imagen de la Virgen de la Cabeza en su parte más alta.

Monumento al Doctor Cortezo

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Miguel Blay Fábregas (Olot, Gerona, 1866 - Madrid, 1936) fue un escultor catalán  que se formó en la Escuela de Dibujo y Pintura de Olot, dirigida por Josep Berga i Boix y Joaquín Vayreda. Más tarde, en Italia y Francia, recibe una sólida formación artística, y en París acude al taller del escultor Henri Chapu.

Paseando por el parque del Retiro de Madrid, es una escultura que pasa desapercibida de tantas que hay. Representa a un niño que se esconde para dar de comer discretamente a unas palomas que están en el lado opuesto del monumento. Con esta escena Miguel Blay realiza un homenaje al Doctor Cortezo. Mi cuadro, por su parte, se define en el boceto, bastante desenvuelto y espontaneo; con esa frescura que tienen las obras realizadas in situ.

Carlos María Cortezo y Prieto de Orche (Madrid, 1850 - id., 1933). Fue un médico español y Director General de Sanidad. Brillante orador y defensor de la república, participó en la política junto a Castelar. Durante los años veinte fue un paladín del idioma esperanto.

Granadilla

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Granadilla / Óleo sobre tela 92 x 73 cm / Colección particular 2013 por Alejandro Cabeza

Entre verdes, azules y un entorno solitario encuentro el encanto de este paraíso remoto. Y mas remoto  cada año que pasa sigue siendo. El edén. Cada vez que se vuelve a el, se redescubre. Solo en su extraordinaria exuberancia se muestra su verdadera virtud extremeña.

La historia de esta localidad se ve condicionada por la construcción del embalse de Gabriel y Galán, en 1965, cuando se produce el desalojo de la población por el peligro de inundaciones y el progresivo deterioro del municipio. Finalmente, las aguas no sumergen al pueblo, pero sí le rodean, dejando a Granadilla en una península protegida por la muralla. Este recinto fortificado, que acoge en su interior a Granadilla, es de origen almohade, construido en mampostería, excepto la puerta de ingreso, que es de cantería.

Al ser un pueblo deshabitado, lógicamente no tiene habitantes ni estructura municipal alguna. Actualmente está incluido en el Programa de Recuperación y Utilización de Pueblos Abandonados del Ministerio de Educación Español.


El Jardín Botánico Marimurtra

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El Jardín Botánico Marimurtra /Ólep sobre tabla 46 x 38 cm

Es fruto de la pasión de un comerciante alemán Karl Faust apasionado de la botánica que encontró en la localidad de Blanes el lugar ideal donde hacer realidad su sueño. Hace más de ochenta años adquirió unos terrenos en una frondosa balconada suspendida sobre los primeros acantilados de la Costa Brava con unas impresionantes vistas sobre el mar. Los mejores arquitectos, paisajistas y botánicos de la época fueron los artífices de este espacio, creando uno de los jardines más antiguos y preciados de Europa.

 El Jardín Botánico Marimurtra está considerado el mejor jardín botánico mediterráneo de Europa con unas 16 hectáreas de extensión. Situado en el municipio de Blanes, provincia de Girona, en la comunidad de Cataluña, España. Se encuentra situado en la montaña y posee unas impresionantes vistas sobre el mar Mediterráneo. El jardín alberga unas 4.000 especies vegetales con la finalidad de su estudio, la enseñanza y la investigación botánica, lo que junto a su presentación presenta unos valores estéticos y paisajísticos añadidos.

Fuente de la Cistella

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 Fuente de la Cistella (Valencia) Óleo sonbre tela 61 x 46 cm / Alejandro Cabeza


Fuente de la Cistella: En las Alameditas de serranos, al margen del rió Turía nos encontramos con la Fuente de la Cistella. Sobre una grada se levanta una taza de mármol en cuyo centro se alza un pedestal y encima de este la figura de la diosa Ceres.

Ceres es la diosa de la agricultura en la mitología romana, lleva una cesta o "cistella" a sus espaldas, de donde toma el nombre la fuente. Lleva según descripciones pasadas, en la mano izquierda una hogaza de pan y al costado una bolsa, ambos elementos hoy en día desaparecidos o irreconocibles ante el estado de deterioro de la misma. La escultura realizada en mármol en el siglo XVIII, procede del Huerto del canónigo Pontons (Patraix) y adorna este lugar desde 1969.

El canónigo de la catedral de Valencia Antonio Pontons García era propietario de una notable fortuna familiar y dueño de un huerto, ubicado en Patraix, en las inmediaciones del Camino de Torrent, que decoró con muy hermosas estatuas realizadas por el escultor italiano Giacomo Antonio Ponzanelli». Así podemos leer en el libro «El Baile de las Piedras», que relata este y otros muchos trasiegos de antiguas piedras y esculturas, de obras de arte a fin de cuentas.

El cuadro refleja un intimo rincón de tantos al margen del rió Turía. Ubicada unos metros antes de llegar a las torres de Serrano nos encontramos esta fuete que pasa tan desapercibida. Al margen del rió todo tipo de arboledas, Eucaliptos, Ficus Cipreses, etc…  Detrás de las escultura podemos observar parte del borde del muro que albergaba el Turía, que ya no es rió como lo fue en su época,  si no más bien son una remodelación de ajardinados y caminos en toda su longitud.

Museo Pérez Comendador-Leroux

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Museo Pérez Comendador-Leroux / Óleo sobre tela 46 x 38 cm / Alejandro Cabeza 2012 


SI SUPIESE LA SIRENA

Mira la bola y sueña
recoger frutos dorados
como en la infancia cosechaba cerezas.
Pero su madre ya no le hace coletas:
no es eva para manzanas tiernas.
No alcanza el cielo:
corta el acceso
la escalera de tijera;
con el tiempo
se pudre la madera.
Sólo ella,
inmune a su edad,
mira hacia arriba y aún espera,
paciencia,
merecida recompensa.
Desde jaula convexa niega
un paisaje cóncavo.
Vive de milagro,
de ilusión;
no se sabe en la pecera.
Entusiasta agradece el sustento cotidiano;
migas con maná confunde su inocencia.
Golden bowl:
cálices amargos para bocas mudas.
Agua salobre la sed atrasada apura.
Inútiles en el envase al vacío las agallas.
Si vive el pez en blanco y negro,
pierden brillo sus escamas.

(S. G. I., Madrid a 28 de octubre de 2011)

Viejo roble

Viejo roble / Óleo sobre tela 41 x 33 cm / Alejandro Cabeza


GUARDIANES

Pueblan sueños entreverados de luz, entretegiendo verdes bóvedas de estrellas espinosas. Cobijan el desamparado amor, no por incipiente menos tozudo. Arropan discretamente las acrobacias de abdominales mariposillas de impredecible vuelo. En los pliegues de sus cortezas quedan atrapados, voluntariamente, los suspiros de los amantes. Y también sus eternas promesas, en forma de corazones.
Mis tiernos abrazos son sólo un pobre pago por todo lo que ellos dan, por todo el amor y protección que regalan. Sed generosos vosotros también y compensadlos. Su piel es áspera sólo en apariencia. Debajo de esas formas a veces oscas late un corazón tierno. Dadle una oportunidad de florecer. Abrazadlos. Abrazadlos mucho. Abrazadlos siempre.

(Salomé Guadalupe Ingelmo, Hervás en cuatro saltos, 23 de marzo de 2011)

Paisaje de Granadilla

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Paisaje de Granadilla / Óleo sobre tela  55 x 46 cm /  Alejandro Cabeza


"Las naranjas descansan sobre la mesa del jardín. El chiquillo las mira embelesado mientras su padre las pinta. El bodegón, como la versión ejecutada veinte años atrás y convertida en la obra más famosa del pintor, es de tal realismo que los ojos de su hijo saltan del lienzo al jardín nerviosos y confusos, como quien se encuentra ante un enigma imposible de resolver. 

El sol brilla feroz, penetrando todo con su luz, rasgando los cándidos azahares, atravesando la botella, asaeteando el vaso de espeso zumo, clavándose en las hojas de los naranjos, en los frutos desnudos que las manos solícitas de su madre han ido pelando pacientemente para que su padre los pudiese pintar; aguijoneando a su padre, a su madre, a él… Sólo el tigre es inmune. Sólo él tiene la suficiente consistencia para resistir su embestida. Sólo su carne es lo suficientemente densa para no derretirse bajo el recio abrazo. El sol se limita a acariciarlo amorosamente con la misma mano inmortal que ideó su terrible simetría. Lo acaricia como se acaricia a una fiel mascota. Sus rayos resbalan sobre el ardiente pelaje y centellean en los ojos profundos e insondables. Y mientras el chiquillo lo observa fascinado, el felino ronronea radiante."

(Fragmento de Mientras se apaga el rugido del tigre en el jardín, obra de Salomé Guadalupe Ingelmo)

El Pinajarro en Hervás

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El Pinajarro en Hervás / Óleo sobre tela 92 x 60 cm / Colección Particular 2011 / Alejandro Cabeza

CONQUISTA DEL POLO OPUESTO

En esta tierra yerma
competimos tú y yo
por una esperanza muerta.
Los corazones ha helado,
pero no logra la nevada borrar
nuestra huella.
En falso se cierra la herida
de esos aludes
que a la razón sepultaron.
Quién Amundsen y quién Scott.
Sólo uno alzará
bandera sin patria ya
sobre el páramo desierto.
Moriré con la sonrisa puesta.
Me enterrarás en sepulcro apartado;
olvidarás.
Yo ni olvido ni perdono.
Nada queda de lo que fue.
Nada de lo que fuimos queda.
Sobre el campo,
restos de la contienda.
Aunque caiga
blanca la nieve
sobre la estepa.

(Salomé Guadalupe Ingelmo, Madrid, 17 de diciembre de 2011)

Puerto de Honduras (Hervás)

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Puerto de Honduras (Hervás) / Óleo sobre tela 92 x 65 cm / Alejandro Cabeza 2011

Hoy te abrazo, te abrazo por la noche y cuando te sueño, te abrazo al alba y cuando estas a mi lado, te abrazo con mis palabras. A veces no estas pero yo si que estoy. Estoy esperándote para poder abrazarte. Pinto y te siento, a veces mas aun que cuando te miro, no me canso de hacerlo porque sale de mi tener la oportunidad de abrazarte. Y no quiero dejar de tener oportunidades, si cuando te tengo a mi lado soy feliz aun quiero abrazarte mas.

Fruto de mi inspiración, tu, - tu persona-. Es extraño anhelarte en algunos momentos cuando estas junto a mí, ni siquiera en ese espacio no hay pensamiento sin ti. Tenerte presente es necesario, imprescindible. El frío a vences me aísla de todo, me acorruca en un rincón, pero solo he de acercarme un poco mas a ti para sentirte. Tus montañas me dan calor y luz. La que he de seguir para encontrarte aun más cerca, para tomar tu paisaje interior, tu persona. Solo así podré encontrar mi anhelo mas preciado en ti.

Hervás camino hacia el puerto de Honduras

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"Hervás camino hacia el puerto de Honduras por Alejandro Cabeza"

Dentro de poco tu nuevo retrato, ése con mensaje oculto que tanto contenido tiene, el que tu nombre y el mio evoca, el alegórico, el mitológico, el que corta el aliento -nunca mejor dicho-, el misterioso, el que me ha proporcionado quebraderos de cabeza, y también el que reproduce tu largo cabello y tu perfil aguileño.

Entre tanto te tendrás que conformar con un paisajillo Hervasense. Paisajillo por su tamaño, pero grandioso por su esencia: creo que me salieron unas bonitas nubes. Aunque esto sólo es el principio del camino; el final del puerto está aún en proceso... Menudo puerto de montaña y menuda subida de vértigo. Cuando uno llega allí, lo hace con la lengua fuera y las posaderas apretadas. Y eso de sacar la lengua.... tiene su cosa. La verdad, cuando uno llega tan alto, se siente satisfecho consigo mismo.

Paisaje Nevado de Hervás

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Paisaje Nevado de Hervás / Óleo sobre tela 55 x 46 cm / Alejandro Cabeza

La tormenta de nieve la sorprende cerca de la cima. Los pedazos de hielo arrancados por el viento le hieren los párpados tiernos. A través de los remolinos blancos, no muy lejos, vislumbra una forma gigantesca, un enorme arco de piedra, el ingreso a un gélido jardín perennemente en calma, lleno de rosas de hielo. Crecen en hileras ordenadas, unas tras otras, todas igualmente bellas y perfectas, igualmente eternas y eternamente dormidas. Al fondo, el poeta vestido de monje siembra nuevas cosechas. Mete la mano en un saco que cuelga de su cuello y lanza el contenido a puñados sobre la mullida nieve que cubre el suelo. Las palabras escritas en tinta negra trazan improbables parábolas en el aire y caen sobre el manto blanco como atraídas por una fuerza irresistible. Por unos segundos sobre la insólita página se leen herméticos mensajes que sólo el jardinero puede entender, pero el frío es tal que las inusuales semillas inmediatamente empiezan a palidecer y se convierten en nuevas plantas de hielo.

En el monasterio de nieve, en lo alto del pico, en el lugar más apartado e inaccesible que ha encontrado, el poeta cultiva jardines de escarcha y carámbanos, rosas de hielo en la nieve.
Aunque no la ha visto antes, apenas la divisa a lo lejos la reconoce y tiembla. Ella avanza cubierta con una ligera túnica, descalza. No teme el frío. Su piel pálida funde el hielo y derrite la nieve. Sus pies penetran sin esfuerzo alguno en el espeso manto. Avanza dejando a su paso un reguero de huellas profundas, de nieve quemada, un camino abierto en el blanco intacto.

Fragmento de "Volverá el aroma al guardián de las espinas", de Salomé Guadalupe Ingelmo. Accésit en el XIII Premio Internacional Julio Cortázar de Relato Breve convocado por la Universidad de La Laguna.

Jardines de Monforte

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Jardines de Monforte / Óleo sobre tela 81 x 60 / Colección privada / Alejandro Cabeza 1998

Adora ese cuadro. No es uno de los más conocidos de Magritte, pero él lo prefiere a otros muchos del mismo autor. Cada vez que lo contempla piensa en su profesor de Arte del instituto y en las largas charlas con las que pretendía abrirle los ojos y le incitaba a volar tras sus sueños. Lo recuerda aún con mucho afecto.

El hombre encerrado en la tela observa melancólico el horizonte. El espectador sólo ve el puente al que se asoma, pero no cabe duda de que la figura mira el naranja uniforme que se desparrama sereno. Su severo traje negro y el sombrero hongo no le permiten sentir el contacto con el fresco viento. Su gesto es triste pero dócil; se ha resignado ya a no volver a tocar los cielos. Da la espalda al león de mirada apática que ya no ruge siquiera, que parece aturdido y mustio, enjaulado en el paisaje urbano que le rodea. Que parece carecer de instintos y haber olvidado lo que es la vehemencia. Su dorada melena se vuelve cada día más deslucida y revuelta.

Salomé Guadalupe Ingelmo, fragmento de Nostalgia de azul rumia el hombre de Ovidio

El viejo cerezo

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Viejo Cerezo (Hervás) /  Óleo sobre Tabla 27 x 22 cm Alejandro Cabeza 2011


El cerezo y el almendro de mi jardín se buscan. Se afanan, incomprensiblemente, por alcanzar un inesperado abrazo al que creían haber renunciado. Han decidido, contra toda lógica, entrelazar sus ramas. Ambos tienen ya una cierta edad, y sin embargo hacen gala de un entusiasmo que quizá no les corresponda. Reverdecen impúdicamente ante los ojos extraños, y no les importan mínimamente las miradas indiscretas. Parecen vivir en su propio mundo. Como si la tierra que abrazan sus raíces fuese más cierta que la del resto. O como si hubiesen comprendido que a veces hay que arriesgarse a no tener tierra firme bajo los pies.

El cerezo y el almendro de mi jardín son en apariencia muy diversos. Pero las apariencias muchas veces, casi siempre, engañan. Y ellos no constituyen una excepción a esa regla: el cerezo y el almendro de mi jardín son muy diversos sólo en apariencia. Cuando ambos florecen, para los ojos inexpertos los frutos de sus esperanzas apenas se diferencian. Es más lo que les une que lo que les separa. Y a esa certeza quieren aferrarse con tenacidad, con la voluntad que les salvó de la tala y de la insidiosa carcoma en otro tiempo.


Durante muchos años defendieron sus respectivos espacios; las copas crecieron con sus propias costumbres y vicios, ajenas la una a la existencia de la otra. Pero ahora que se han descubierto, que casi se tocan, han entendido que compartir es mejor que disputar. Las hojas puntiagudas y ligeramente coriáceas del almendro han decidido no herir al compañero. Y en justo pago el cerezo será fiel y leal: no morderá la mano amiga, no clavará sus dentadas hojas en la confianza tierna. Para él, aunque un día pase la fugaz primavera, será siempre cándido como el vestido de una novia.

Hervás, desde el Puente de Hierro

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Hervás, desde el Puente de Hierro / Óleo sobre tabla 27 x 22 cm / Alejandro Cabeza

EN NUESTRA CASA

Miro a lo alto, a donde mi voluntad aspira. El azul del cielo se confunde con el azul de las montañas: la tierra, hospitalaria y maternal, no desea defraudar a los exploradores llegados de lejanos mares. La meta se diría inalcanzable, pero el deseo aguijonea. Y el deseo, a menudo, es más denso que la lógica. Ésta no logra horadarlo; se vuelve inquebrantable, invencible. Es tan pesado que con él lastro mi red. Y la lanzo a tus pies, esperando que tú decidas enredarte en ella. Como yo elijo enredarme en las algas que te coronan la cabeza. Y espero emocionado, esperanzado, con el corazón saltarín, palpitante de ilusión. Porque soy aún, a pesar de todo, un ilusionista. Pero espero también colmo de zozobra. Porque el deseo es, además, impenetrable, y su opacidad no nos permite ver el mañana. Sin embargo confío: tú y yo hemos decidido apostar por ese mañana incierto, y para mí esas dos fes unidas certifican el milagro.
Miro a lo alto, a donde mi voluntan aspira. Desde aquí abajo, llegar a ella parece casi imposible. No obstante yo sé, la experiencia me lo dice, que en pocas horas habré tocado el cielo. Hace apenas un suspiro la meta parecía inalcanzable. Pero aquí estoy: hoy, ahora. Porque el deseo no conoce de límites razonables. Y es el ahora lo único que cuenta.
Una vez tuve un sueño en el que ascendía de otra mano. El sueño, como todos los sueños, se desvaneció con el día. Pero a la luz del sol, ante las ventanas que tú has abierto, entre los míos, aún quedan tus dedos.

(Salomé Guadalupe Ingelmo, Madrid, 3 de junio de 2011)

La escalera

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La Escalera (La Raixa)  / Óleo sobre tela 130 x 97 cm /  Alejandro Cabeza



Las escaleras se asocian con los pasos que debemos dar para alcanzar algún objetivo, (eso es bueno son metas) subir las escaleras significa el esfuerzo necesario para encontrar la entrada al lado espiritual más místico de nuestro yo. Bajarlas sería lo contrario, descender a nuestro lado más oculto e inconsciente. (Ocampo, cuidado con el surrealismo nos puede delatar).

Fragmento : cuando tu no estes de Salome Guadalupe Ingelmo

Como cada noche, se sienta en soledad a observar la luna. En las sombras encuentra refugio; su abrazo es cálido y maternal. Después de todo, a pesar de ser una criatura risueña y llena de luz, se siente también un ser melancólico y nocturno. En ella conviven dos naturalezas opuestas, como en todas las fuerzas creadoras, fuentes de vida y quizá a veces de destrucción, como en el útero que nos trae al mundo y en la tierra que ha de acogernos un día...



Jardín de Pedralbes

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Jardín de Pedralbes / Óleo sobre Tela 100 x 73 cm / Alejandro Cabeza
 
Estrecha el frío su cerco, pero el agua no se rinde. Para ella existe sólo la fe; no entiende de física. Aun bajo cero se resiste a convertirse en hielo: no quiere volverse dura.

(Salomé Guadalupe Ingelmo. Madrid, 26 de marzo de 2011)

Jardín Julio Romero de Torres

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Jardín Julio Romero de Torres  / Óleo sobre tela 61 x 46 cm / Colección Particular
 Alejandro Cabeza 1998 

       Aquellos con los que comenzó a intuir un irresistible jardín. Un jardín cuyos acerbos frutos probaría sólo años más tarde. Un jardín poblado por compungidas frutas y cándidas flores con talle de jacinto. Un jardín oculto en patios guardados por ojos profundos como pozos, protegido por rejas impenetrables sólo en apariencia, custodiado por muros encalados dispuestos a abrirse solícitamente y dejar al descubierto una brecha.

       Recuerda la voz sensual e imagina su cuerpo, recorrido por una intrincada plegaria, por un mensaje desesperado incapaz de ser contenido por ninguna botella, incapaz de ser ahogado en ningún contenido. Por más jarras que vacíe una tras otra, buscando en la espuma del fondo la espuma de él. La imagina tendida en el suelo de su alcoba vacía, frente al espejo. La luz que entra tímidamente entre los postigos entornados rebotando contra su piel blanquísima, contra las formas perfectas que revela el ceñido vestido de noche.

        Las olas rizadas saliendo de la superficie fría que refleja sin misericordia la habitación, besando con sus labios de espuma los pequeños dedos de sus pies. Sólo para estremecerla, para retirarse inmediatamente después. Siempre pronto, demasiado pronto.

(Fragmento ojos Negros) Salomé Guadalupe Ingelmo

Paisaje de Toledo (El Tajo)

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Paisaje de Toledo (El Tajo) / Óleo sobre tabla 27 x 22 cm / Alejandro Cabeza

Acababa de pasar el invierno y el sol, aunque tibio, comenzaba a calentar de nuevo. Al volver la mirada a las cercanas cumbres, a lo alto (porque siempre hay que mirar a lo alto; todavía hay que mirar al cielo), entre las extensiones inmensas de rocas negras, hoscas, ya resecas, veo surgir un árbol de buen tamaño: totalmente blanco. Y resplandece allí, único, en medio de la aridez y la dureza. En un paisaje improbable y de futuro incierto. Pero su blancura es tan impoluta que a penas se puede mirar de frente; su belleza ciega. Como ciegan las lágrimas que arranca su fe terca.

Yo creo aún en los milagros. Yo elijo, aún, voluntariamente, seguir creyendo.


Textos de: Salomé Guadalupe Ingelmo

Parc del Laberint d'Horta

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Parc del Laberint d'Horta / Óleo sobre tela 200 x 147 cm /  Alejandro Cabeza  

Existen visiones filosóficas de la historia que permite, e incluso demandan, una especulación sobre el futuro del arte. Dicha especulación tiene que ver con la pregunta de si el arte tiene futuro, y debe distinguirse de aquella que sólo se interroga sobre las características del arte venidero, presuponiendo su continuidad. En realidad, esta última especulación resulta en cierto modo más problemática, debido a las dificultades que surgen al intentar imaginar cómo serán las obras de arte futuras o cómo serán apreciadas. Piénsese simplemente en lo difícil que debía de resultar en 1865 predecir las formas de la pintura postimpresionista, o anticipar en 1910 que, sólo cinco años más tarde, fuera a existir una obra como In Advance of the Broken Arm, de Duchamp, que, pese a su aceptación como obra de arte, no dejaba de ser una pala de nieve bastante corriente


El final del arte, por Arthur Danto:

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