Progresó hacia la depuración de su arte, de manera que el progreso de su oficio incrementaba el poder de su mirada. Él mismo señala: “depositamos en las obras lo que somos. Por eso la posteridad no se equivoca al juzgar, pues juzga no las apariencias del autor, sino su ser cuyas perfecciones y defectos deposita en sus manifestaciones artísticas o de otro orden”.

Carlos Sentí, Valencia, 1992 (Critico de Arte)

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