Progresó hacia la depuración de su arte, de manera que el progreso de su oficio incrementaba el poder de su mirada. Él mismo señala: “depositamos en las obras lo que somos. Por eso la posteridad no se equivoca al juzgar, pues juzga no las apariencias del autor, sino su ser cuyas perfecciones y defectos deposita en sus manifestaciones artísticas o de otro orden”.

Carlos Sentí, Valencia, 1992 (Critico de Arte)

Mostrando entradas con la etiqueta Azules de Granadilla. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Azules de Granadilla. Mostrar todas las entradas

Azules de Granadilla

Paisajes Extremeños, Arte Valenciano, Pasajes valencianos, Pintura constumbrista, Paisajes de Valencia, Pintores Españoles, Impresionismo Valencianos, Alquerías Valencianas, Alejandro Cabeza, Jose Maria Rojo Monforte, juan jose barrios sanchez, Guijo de Granadilla
"Azules de Granadilla 200 x 130 por Alejandro Cabeza"


 (Ediciones COMOARTES, Colección Contemporáneos del Mundo 29, Serie Indagación sobre la memoria y el juicio, Madrid/México D. F., 2013.)

–Si tuviera que indicar siete puntos indispensables a los que debe responder como arte una pintura, ¿cuáles señalaría? ¿Señalaría unos para el retrato y otros para el paisaje?

Si no le importa, más que puntos los denominaré valores. En efecto creo que todos ellos son aplicables a cualquier género, aunque algunos resultan más determinantes para unos géneros que para otros.

El oficio: Es lo primero que percibimos de un autor a través de su obra. Si bien no lo es todo, sin oficio no hay cimientos. Esta afirmación resulta válida para un retratista, para un paisajista o para cualquier otro género de pintor.

La dedicación: Frecuentemente la toalla se tira con demasiada facilidad. Me permitiré un ejemplo literario: la producción literaria de Josep Pla abarca, de forma ininterrumpida, seis décadas; más de 30.000 páginas. Dedicación, oficio y pasión han de ir de la mano. La cantidad no hace la calidad, pero la escasez tampoco hace el oficio. En la pintura la dedicación ha de estar por encima de muchas cosas, no ha de someterse a caprichos o imposiciones exteriores. La dedicación es un precio caro que muy pocos están dispuestos a pagar. Se advierte sobre todo en la trayectoria de un autor. Los grandes maestros son el ejemplo perfecto: dedicaron su vida, de principio a fin, a su disciplina para poder alcanzar los niveles más altos en el arte de la pintura.

La humildad: Se habla mucho de ella, pero sospecho que la envuelve una cierta confusión. El artista ha de saber ser también ambicioso; ha de estar hambriento de conocimiento y sabiduría. Entonces, esa humildad resulta relativa. La humildad ha de ser la justa. Un exceso de humildad es tan perjudicial como su carencia. Nos convertiría en seres sin entusiasmo, faltos de brillantez e instalados en la penuria. Demasiada humildad podría incluso acercarnos a la miseria. A veces tengo la sensación de que los que se pronuncian a favor de una humildad incondicional y absoluta son, en realidad, autocomplacientes conformistas y pecan, quizá, de falsa modestia. Probablemente el artista debería hacer más uso de su humildad a la hora de ostentar su creatividad y originalidad. El pintor debería ser lo suficientemente humilde como para aprender a encontrar y apreciar esa originalidad en las pequeñas cosas que la realidad le ofrece. Porque es precisamente ahí donde puede radicar la creación buscada. Para entender lo que quiero decir basta observar las actitudes ante la pintura. Hoy nos empeñamos, ante todo, en sorprender y llamar la atención a toda costa. Incluso si esto implica encerrarse obstinadamente en estilos individualistas sustentados por razonamientos muy subjetivos. O si nos exige dejarnos arrastrar sin rumbo fijo según las circunstancias. A veces la pintura se convierte en un juguete para una feria, al servicio de una visión mercantilista del arte o más bien de la decoración[1]. Entrar en esta dinámica puede hacernos perder mucho tiempo y talento.

Tener recursos: Es un valor que únicamente nos da la experiencia y el oficio. Pero el oficio tampoco lo es todo, como ya he indicado antes. Y por lo tanto no debemos conformarnos sólo con los recursos. Tener muchos, tantos como permita la propia experiencia, puede hacer que las pinturas sean especiales y ricas en su elaboración. Los recursos suponen un buen aliado de la originalidad y pueden reflejar muy bien la personalidad. Pero no por ello debemos olvidar todo lo demás, todo lo que de una manera directa va unido al proceso creativo del autor.

[1] Cuando la pintura mo­derna vaya a esos panteones funerarios que se llaman los museos, si es que va, se desvanecerá ante la antigua. La pintura moderna parece más bien para tienda de boulevard o para cabaret. (Pío Baroja, Desde la última vuelta del camino: Memorias, vol. 4, Caro Raggio Editor, Madrid, 1983, p. 255)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...