Vista del Pinajarro

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Vista del Pinajarro, (Hervás, Cáceres) en un óleo sobre tela de 55 x 46 cm. Pintor Alejandro Cabeza

El estudio de este pico en diversas obras remarca las interpretaciones realizadas con nieve en el contorno de la montaña, iluminándola de blancos y azules que muestran una superficie en su estado mas salvaje. Las nieves, con el paso de los años se han reducido significativamente en los inviernos y cuando surge un periodo donde se presentan con fuerza se convierten en un gran aliciente para estas pinturas de las que no hay que dejar pasar por alto. Sigo realizando trabajos de este paraje en diferentes perspectivas con el pueblo de Hervás.

El Pinajarro, con sus imponentes 2100 metros de altura, se alza como el emblema indiscutible de Hervás. Su condición de ser una de las montañas más desconocidas de Extremadura le otorga un encanto inhóspito y misterioso que cautiva a quienes se atreven a explorarla. Su ascenso y descenso ofrecen una experiencia única, dejando una huella imborrable en todo viajero que se sumerge en su entorno natural. Cada vez que inicio una nueva obra inspirada en este fascinante paraje, una emoción intensa me envuelve, como si la montaña misma transmitiera su fuerza y magnetismo.


Calle de Hervás

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Calle de Hervás en un óleo sobre tela de 40 x 30 cm. Pintor Alejandro Cabeza 2024

El boceto captura la esencia de una de las pintorescas calles de Hervás, un encantador pueblo situado en la provincia de Cáceres. En el fondo, la imponente torre de la iglesia, un referente de la localidad que contrasta con el laberinto de callejuelas que caracterizan al lugar. El barrio judío de Hervás, uno de los mejor conservados de España, se distingue por sus estrechas y empedradas vías que se entrelazan de forma casi laberíntica, creando una red de pasajes que invitan a la exploración.

En la obra se aprecia una clara simplificación de los elementos en su estructura, con una menor atención a los detalles sobre el dibujo. Sin embargo, esta reducción no afecta al tratamiento del color, que cobra un papel fundamental en la composición. Los matices cromáticos se convierten en el centro de atención, transformándose en los protagonistas de un juego de luces y sombras que guía la mirada a lo largo de un recorrido visual. Este juego cromático no solo define la forma, sino que también sugiere una sensación de profundidad y distancia

Cada rincón de este antiguo barrio guarda la huella de siglos de historia y tradición, un testimonio tangible de la rica herencia cultural que ha marcado al pueblo. Las casas de fachadas de piedra, los balcones de hierro forjado y la tranquilidad que emana de sus calles hacen de Hervás un lugar único, donde el pasado y el presente se fusionan en un ambiente lleno de encanto y misterio.

El retiro


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 "El retiro", en un óleo sobre tabla de 46 x 33 cm. Pintor Alejandro Cabeza


Es un boceto de los jardines del parque del retiro en Madrid, cerca de la rosaleda central del mismo parque. En conjunto, el Jardín Histórico Artístico no solo es un refugio verde en medio del bullicio urbano, sino que también es un testimonio vivo de la evolución del paisajismo y la horticultura a lo largo de los siglos, invitando a todos a explorar su belleza y riqueza. natural.

Concebido en el siglo XVII, se constituye como un hito verde fundamental en el corazón del centro urbano. Su relevancia no solo se mide por la considerable extensión que abarca, sino también por la notable riqueza de su flora, que ofrece una experiencia visual y sensorial.

A lo largo de los siglos, este jardín ha sido testigo de diversas intervenciones y remodelaciones que han enriquecido su diseño original. Cada etapa histórica ha dejado una huella distintiva, lo que se refleja en la diversidad de sus trazados y en la disposición de sus elementos. Uno de los puntos destacados del jardín es el Parterre de estilo francés, que presenta un diseño formal y ordenado, característico de los jardines europeos de la época, invitando a los visitantes a disfrutar de su tiempo.

Otro de los elementos notables es el Estanque Grande, acompañado de las Rías y Lagos artificiales, que aportan un aire de serenidad y tranquilidad al entorno. Estas áreas acuáticas no solo son estéticamente agradables, sino que también contribuyen a la biodiversidad del jardín, albergando diversas especies de fauna y flora.

El Campo Grande, diseñado en un estilo paisajista, es otro de los aspectos más destacados del Jardín Histórico Artístico. En este espacio se encuentran los imponentes Palacios de Velázquez y Cristal, que no solo enriquecen el paisaje, sino que también ofrecen un contexto.


El Pardo

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El Pardo en un óleo sobre tabla de 33 x 24 / Pintor Alejandro Cabeza.

El Monte de El Pardo es un área natural de gran valor, considerado como el bosque mediterráneo más importante de la Comunidad de Madrid y uno de los mejor conservados en Europa. Está ubicado al norte de la capital y abarca una superficie de 15,821 hectáreas.

Es una reserva ecológica y biológica significativa, caracterizada por un encinar típico mediterráneo con relieve suavemente ondulado, situado a lo largo de la vega del río Manzanares, que lo atraviesa de norte a sur.

En este entorno, además de la encina, que es la especie principal, coexisten quejigos, enebros y alcornoques, y en las zonas más húmedas se encuentran fresnos, sauces y chopos. Entre las especies arbustivas predominantes se hallan las jaras, las retamas, los labiérnagos, los romeros y los cantuesos.

La fauna del Monte de El Pardo es diversa e incluye especies emblemáticas como el águila imperial, el buitre negro y la cigüeña negra, así como una variedad de mamíferos como el ciervo, el gamo, el jabalí, el gato montés, el conejo, el tejón, el zorro, la gineta, la comadreja, entre otros. En cuanto a reptiles, destacan la culebra de escalera, el lagarto ocelado y la lagartija cenicienta. La vida acuática se concentra principalmente en el embalse de El Pardo.

El territorio del Monte de El Pardo fue repoblado durante la reconquista del actual territorio madrileño por Alfonso VI entre 1083 y 1085. Desde entonces, este espacio fue objeto de disputas entre la Villa de Madrid y la presión de Segovia, aunque probablemente su uso cinegético estuvo vinculado a la Corona desde el principio. El Libro de la Montería de Alfonso XI menciona estos montes elogiosamente debido a la abundancia de caza.

En 1405, Enrique III construyó un pabellón de caza, y desde entonces se consideró propiedad Real, delimitándose en diferentes ocasiones a lo largo del siglo XV. Posteriormente, en 1571, la Real Cédula de Felipe II determinó su superficie y zonas de protección, que se ampliaron mediante compras de terrenos durante el siglo XVII.

La protección del Monte de El Pardo alcanzó su punto culminante con la construcción de una tapia de casi 100 km de perímetro durante el reinado de Fernando VI. Sin embargo, también se incorporaron a la zona otros espacios colindantes fuera de la tapia mediante compras, como Viñuelas, la Moraleja o Batuecas. Estos espacios se segregaron durante el siglo XIX y parte del XX.

En el pasado siglo, el "Coto cerrado" que representaba el Monte de El Pardo se vio modificado con la asignación de áreas en la ribera del Manzanares para fines deportivos o científicos, creando un corredor que conecta Madrid con el núcleo urbano de El Pardo.

Calle de Alpuente

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Calle de Alpuente en un óleo sobre tabla de 19  x 14 cm / Pintor Alejandro Cabeza

Mi visita a este pintoresco pueblo dejó una huella imborrable en mi memoria, y siempre recordaré el pequeño boceto que realicé como un recuerdo de ese momento especial en 2005. Ubicado en el interior de la provincia de Valencia, Alpuente es un encantador pueblo que tuve el placer de visitar durante mi recorrido por las tierras valencianas en el año 2005. Desde el momento en que llegué, quedé cautivado por su belleza y su rica historia.

Alpuente es una villa medieval que ha conservado su encanto a lo largo de los siglos. Sus estrechas calles empedradas, casas de piedra y arquitectura tradicional crean un ambiente mágico y nostálgico que transporta a los visitantes a tiempos pasados. Es como adentrarse en un cuento medieval, donde cada rincón cuenta una historia.
Pero lo que realmente destaca de Alpuente es su entorno natural. El pueblo se encuentra rodeado de una exuberante naturaleza que invita a explorarla. Bosques frondosos, montañas imponentes y ríos cristalinos conforman un paisaje de ensueño. Los amantes de la naturaleza encontrarán aquí un paraíso para disfrutar de actividades al aire libre como senderismo, ciclismo o simplemente relajarse en medio de la tranquilidad.

Además de su belleza natural, Alpuente tiene un pasado histórico y cultural fascinante. Durante siglos, fue un enclave estratégico y un centro de poder en la región. Sus murallas, iglesias y edificios antiguos son testigos mudos de su importancia en épocas pasadas. Recorrer sus calles es como viajar en el tiempo y descubrir la huella que dejaron las generaciones que lo precedieron.

Uno de los tesoros culturales de Alpuente es su Museo Paleontológico. En este fascinante lugar se encuentra una de las colecciones más interesantes de fósiles de dinosaurios de la Comunitat Valenciana. Es un verdadero viaje al pasado prehistórico, donde se pueden admirar los restos de estas criaturas que habitaron la tierra hace millones de años. El museo es una parada obligatoria para los aficionados a la paleontología y una oportunidad única para aprender sobre la historia natural de la región.