HOYA MOROS A VISTA DE PÁJARO
Vigilan las peñas severas, austeras, las sinuosas curvas del Cuerpo de Hombre, que duerme y fluye en sueños húmedos pausadamente. Una leve mueca cruza el pétreo rostro, paradójicamente blanco bajo el sol; reprueba −o añora− la verde vida que de sus costados brota. La impenetrable roca evoca orgías de dátiles e higos: oasis perdidos en otras costas.
(Salomé Guadalupe Ingelmo, Hervás, 4 de agosto de 2011)
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