
Como cada noche, se sienta en soledad a observar la luna. En las sombras encuentra refugio; su abrazo es cálido y maternal. Después de todo, a pesar de ser una criatura risueña y llena de luz, se siente también un ser melancólico y nocturno. En ella conviven dos naturalezas opuestas, como en todas las fuerzas creadoras, fuentes de vida y quizá a veces de destrucción, como en el útero que nos trae al mundo y en la tierra que ha de acogernos un día...
Fragmento : cuando tu no estes de Salome Guadalupe Ingelmo
Confieso a menudo mi incapacidad para discernir dónde acaban mis personajes y dónde comienzo yo misma. Es notorio que nunca me han gustado los límites ni las fronteras, de modo que podría deberse a eso: a un rechazo de mi inconsciente. No obstante sospecho que la explicación es mucho menos sesuda, bastante más evidente: temo que sencillamente no existe tal frontera. Todos esos personajes que han ido apareciendo en mi obra no son más que maquillaje, caracterizaciones de un mismo rostro. Y sus vidas son mi vida. O quizá es al revés: a veces me parece que soy yo el personaje y ellos los creadores. En efecto es cierto eso que tú mismo me has escuchado decir, que mi obra precede a mi vida. Y cada día lo es más: más a menudo y más intensamente. Los ejemplos son tan concretos, tan inusuales y tan frecuentes que una estaría realmente tentada de asustarse. Pero sucede que estoy muy acostumbrada a vivir rodeada de magia: me suceden constantemente cosas extrañísimas y en buena medida inexplicables. Al principio esto pasaba sólo en la montaña, pero ahora es una presencia constante en mi vida cotidiana. Las poquísimas veces que los demás advierten algo (una ínfima parte de lo que me sucede) se muestran extrañadísimos, y además no comprenden la naturalidad con la que yo parezco vivirlo. No es que no aprecie el milagro, sencillamente creo que en el fondo nada es casual, y que el mundo en efecto está permeado por una magia que algunos se empeñan en no ver y otros, en negar; pero que a mí me parece a todas luces evidente. Ésa, por ejemplo, que hace que dos personas que llevaban mucho tiempo buscándose aún sin conocerse acaben encontrándose. Encontrándose incluso en un escenario improbable, en un vodevil plagado de malos entendidos. Pero eso en el fondo no cuenta cuando se sabe contemplar la esencia. Creo que es un don (conquistado, como todo lo que merece la pena, mediante el esfuerzo) propio de los artistas, independientemente de cuál sea su disciplina. Pintores y escritores, creo, han de conocer muy bien la naturaleza humana.
ResponderSuprimirEsa naturaleza melancólica de la Mata-Hari de mi relato “Cuando tú no estés” en efecto convive con la persona solar que soy casi todo el tiempo, aunque prácticamente nadie tenga el dudoso honor de haberlo comprobado. Son mis textos quienes más se benefician de ella. Quizá un día tenga que acabar pidiéndote disculpas por no negarte el acceso tampoco a ese paraje, que no es inhóspito, pero supongo que podrá llegar a asustar a veces por ser aún más vehemente que el cotidiano.
Por cierto, las escaleras son, en efecto, una metáfora visual que me atrae poderosamente, un elemento cargado de simbología, de una simbología que me resulta muy querida. Como siempre, escuchas también en el silencio.
Ole tus cojones…!!!
ResponderSuprimirNo dirás que no me estoy volviendo castizo, como se puede hacer una mejor autocritica y autoanálisis como la que te acabas de hacerte a ti misma, me parece que es imposible, clara y concisa, directa y profunda, noble y sentida, es un espectáculo ver como escribes para expresarte en cualquiera de tus inquietudes expresivas (que no son pocas) te admiro por tu don de ser, por ser y creer en cosas que hoy cuesta entender como forma de vida y profesión, no evitas lo prescindo como haría cualquier otro, si no que ahondas aun más si cabe directamente en ti misma, desde luego el “rara avis” eres tú, sin ninguna duda, serias capaz de auto criticarte a ti misma y a tu obra, eso es una lección de oficio y honestidad pocas veces visto, que demuestra el esfuerzo y constancia de tu trabajo, que desde luego ha de incitarte un alto grado de exigencia para conseguir tu profesionalidad.
Las escaleras son un símbolo de elevación hacia una meta que siempre se nos presenta como una visión de alcance, y desde luego tú vas peldaño por peldaño pero con paso filme poniéndote el listón cada vez más alto como fórmula de superación como no podría ser de otra manera, tus palabras cada vez cobran mayor sentido cuando te haces llamar mujer de fe, o cuando dices que crees en los milagros, son una forma de entenderte mejor cuando hablas como lo has hecho hoy.
Te mando un ornamentado beso acompañado de mimosas lucidas que espero que lleguen hasta ti.
Cobra más sentido todo cuando la admiración es mutua. Especialmente en lo que más cuenta: en lo humano. Pero si además se puede nutrir admiración mutua también en lo profesional… mejor que mejor. Notorio es mi estoicismo y espíritu espartano; a pocos conozco capaces de vivir bajo mínimos, en el amplio sentido de la expresión, mejor que yo. Pero tampoco es de menos peso, a pesar de resultar menos conocida, mi vena hedonista. Quizá en parte por eso lo sigo queriendo todo, aún hoy en día. En realidad podría conformarme con menos, pero es que no lo deseo, y menos aún ahora que me he convertido en una señora madura y con experiencias a las espaldas. Por eso es una satisfacción inenarrable comprobar que no he de conformarme con un gramo menos. Podré parecer abusona, no lo niego, pero descubrir que al final vas atener el lote completo es como volver atrás en el tiempo: como echar un vistazo bajo el abeto el día de Reyes y constatar que todos los regalos llevan tu nombre. Así que muchas gracias, Melchor. Por supuesto no tengo nada contra las personas de color ni contra los jóvenes, de modo que bien podría denominarte también Baltasar o Gaspar. Sin embargo se da el caso de que me puede la barba blanca de Melchor: se advierte que es un caballero juicioso de una cierta edad, alguien que no toma sus decisiones a la ligera.
ResponderSuprimirLlega siempre todo cuanto ofreces, que es mucho. En este caso, dadas las horas, he de considerarlo un beso de buenas noches. Como es importantísimo saber corresponder siempre y como, aún más importante, quiero hacerlo, te envío a mi vez un beso cálido y confortable como las mantas que arremeten las madres en invierno.